Religión egipcia

Religión egipcia

Religión egipcia

El reinado de los faraones se extendió a lo largo de 31 dinastías y duró aproximadamente tres milenios. Los faraones se convirtieron en dioses – reyes para lo cual se valieron de diversas creencias y deidades con el objeto de mantener su poder. El dios Ra, de Heliópolis, era un ancestro de los faraones que se llamaban a sí mismos "hijos de Ra". Ra cruza el cielo cada mañana, venciendo al caos y al mal. Aun durante la noche, mantiene sujeto al mal, hasta que vuelve a renacer por la mañana. En el culto de Ra, los gobernantes participaban de su victoria. Los dioses de otros centros como Tebas o Menfis, eran considerados aliados y cuando una dinastía tebana llegaba al reinado, llevaba con ella a sus propios dioses. Así, el culto a Amon-Ra, es un ejemplo de esta "alianza" entre dioses y monarcas o la forma en la que el faraón se ganaba el respeto de otras tribus estableciendo relaciones con los dioses locales. Eventualmente, los dioses intentaban poner orden entre la vasta acumulación de deidades creando familias de dioses, por ejemplo la Enéada, compuesta de nueve niveles de deidades supremas. Amenofis IV (1379 a.C) preocupado por esta situación, declaró que Atón, dios sol que abre sus brazos para otorgar vida al mundo, era el único Dios siendo todos los demás sus súbditos. Pero prevaleció no obstante la tradición sincretista de adaptar dioses, cultos y creencias según las circunstancias momentáneas.

Vida y Muerte

El ankh o el símbolo de la vida, sólo era portado por reyes, reinas y dioses. Solo quienes lo portaban tenían el poder de dar o quitar la vida.

Como dioses que eran, los faraones no podían ser destruidos ni siquiera a través de la muerte. La idea de que los faraones eran inmortales, se vio fuertemente reforzada cuando los egipcios descubrieron el modo de momificar sus cuerpos. La vocación de inmortalidad se expresa en la arquitectura monumental. Los textos religiosos, como "El libro de los muertos", contenían información detallada sobre como debía procederse con el cuidado de los cuerpos.

Los egipcios creían que mediante prácticas mágicas podrían asegurarse el auxilio de los dioses después de la muerte. Entre ellos, los más famosos, Isis y Osiris. Osiris comenzó siendo un dios local de la fertilidad en el bajo Egipto. Puesto que podía dar una nueva vida a los campos, el mismo era representado como muerta y por esa razón, era considerado conductor de los muertos. Cuando los faraones deseaban enfatizar su poer sobre la muerte, igualaban a Osiris con Ra, como una manera de controlar la conducta del pueblo, lo convirtieron en el juez de los muertos. Era considerado también el civilizador del pueblo egipcio por haberlo apartado del canibalismo. El cuto de Isis, originariamente independiente, al norte del delta, se combinó más tarde con el de Osiris, dando origen al mito y al culto del dios que muere y resucita: cuando Osiris fue ahogado por su malvado hermano Set, Isis rescató su cuerpo y concibió de él un hijo y después lo embalsamó devolviéndole la vida inmortal. Otros relatos se fueron sumando, todos con el mismo propósito de otorgar la vida después de la muerte.

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